
Estamos en una época muy apropiada para dedicarla a los deportes de invierno, que a pesar de lo que pueda parecer, no son pocos.
En primer lugar nos encontramos con el ESQUÍ ALPINO, tan antiguo que las primeras referencias que se tienen de él son del año 2500 a.C. Será en el año 500 d.C. cuando un historiador llamado Bizantino Procopius dé testimonio de una auténtica carrera sobre la nieve.
En los archivos y documentos históricos chinos, también hay referencias de su existencia en los pueblos nórdicos.
La razón de su antigüedad no es otra que la comodidad. Sí, sí, como lo oís, resulta que se usaba un material especial para poder facilitar los desplazamientos, las luchas, cazas o transacciones comerciales de entonces, en las zonas nevadas y difícilmente accesibles. De hecho, la forma en que se construían los precedentes de los actuales esquís, se mantuvo hasta muy avanzado el siglo XX, cuando se modernizó el diseño.
Se puede decir que el esquí moderno y actual surgió de la mano de Sadre Norhein, un noruego que en torno a 1850 crea la técnica llamada telemark. Una técnica que pasó de ser un medio para sobrevivir a un deporte en toda regla. Gracias al volumen de inmigraciones que tuvieron lugar poco después, el deporte se extendió a Europa Central, Japón y EE UU.

Dentro del esquí alpino se pueden diferenciar varias especialidades:

- Descenso: Cada corredor realiza una sola bajada, gana el que menos tarda. Es una prueba prolongada con algunos tramos que llegan a velocidades muy elevadas. Cuenta la resistencia del corredor.
- Super-G: Combina la velocidad de un Gigante (de ahí su nombre) y la precisión de las curvas en Slalom Gigante. Cuenta la coordinación del corredor. Es más corta que el descenso pero también gana el que lo recorre en menos tiempo.
- Slalom Gigante: El corredor debe hacer dos bajadas por recorridos con distintos trazados en la misma zona y en el mismo día. Precisa una gran calidad técnica, con giros cerrados y distancias reducidas entre puertas. Gana el que lo haga en menos tiempo (sumando ambas bajadas).
- Slalom: Cuenta con el recorrido más corto de todos. Se marca con puertas de palos simples, tiene virajes muy cerrados. Tiene dos bajadas distintas sobre la misma pista y en el mismo día. La puntuación da la victoria al que lo haga en menos tiempo y sumando los dos descensos. Requiere una gran habilidad en el encadenamiento de palos y virajes.
- Combinada: Como su nombre indica, combina una prueba de Slalom a dos mangas y una de velocidad, que es la de descenso. La puntuación total suma la de cada una de las pruebas y gana el mejor tiempo (el más corto). Requieren habilidad, técnica y velocidad. Paralelo: Consiste en dos marcajes paralelos sobre una pista más corta que la del Slalom. Los corredores compiten por parejas, ambas bajan dos veces cada una en una manga distinta. Cuenta la velocidad porque gana el que tenga mejor tiempo.