
El cuerpo humano es un organismo realmente inteligente, en cuanto detecta la falta de líquido avisa a través de la sensación de sed. La zona principal en la que se detecta esta sensación es la boca, ya que es la encargada de controlar los niveles de hidratación.
La pérdida de agua es algo completamente normal, y además se produce diariamente con las funciones básicas que mantienen vivo el cuerpo. Sin embargo, el hacer deporte incrementa notablemente la pérdida de líquido.

Las funciones habituales del cuerpo nos hacen perder unas importantes cantidades de agua, como es el caso de la orina, la respiración o la transpiración.
El organismo detecta que “tiene sed” cuando los niveles de hidratación se encuentran con un 1% menos de agua, en lo que se denomina “umbral de sed” . Este umbral se ve acentuado con las épocas calor o los entornos calurosos.
Al hacer ejercicio físico del tipo que sea (anaeróbico, aeróbico…) el organismo se encuentra en una permanente situación de umbral de sed, pero al estar concentrado en el esfuerzo físico, el cerebro bloquea la señal que nos indica la necesidad de ingerir agua. Por esa razón se debe beber agua siempre que se haga deporte, aunque aparentemente no se tenga sensación de sed.
QUÉ PUEDE PROVOCAR LA FALTA DE AGUA
Cuando se pierde entre el 2 y el 3% de agua, el cuerpo entra en una fase de sequedad de la boca, malestar y descenso del rendimiento físico porque los músculos se encuentran con dificultades al realizar las contracciones.
Según la Organización Mundial de la Salud, la OMS, una pérdida del 4% de agua puede bajar el rendimiento físico hasta un 30%, haciendo que aparezcan calambres, entre otras molestias.
Entre el 5 y el 6% de pérdida, los fallos del organismo son mayores, dificultando la concentración, perdiendo nitidez en la visión y con fallos en la regulación de los niveles térmicos del cuerpo. Una vez superado el 7% los fallos multiorgánicos pueden llegar al límite y con el 10% y superiores, la muerte puede estar cerca.
LOS DEPORTISTAS Y EL AGUA

Para evitar los problemas que pueden derivarse de la falta de agua, es necesario –sobre todo en los deportistas– que se ingiera constantemente agua, antes, durante y después del entrenamiento, sin esperar a que haya sensación de sed.
Tampoco hay que excederse en la cantidad, porque no todas las personas tienen las mismas necesidades sino que dependerá del peso, la intensidad y el tipo de ejercicio, la temperatura y humedad del ambiente, el metabolismo de la persona…