
Al hacer cualquier deporte se corren algunos riesgos si no se hace con precaución. Uno de ellos es la aparición de contracturas musculares.
Cuando tocamos un músculo que duele y percibimos su textura más dura al tacto y sensible a la presión, suele ser síntoma de una contractura muscular.
Estas lesiones, en principio no muy graves, pueden volverse más serias si no se tratan adecuadamente. En la mayoría de los casos son el resultado de una brusca e involuntaria contracción del músculo –de ahí su nombre– que suele ser dolorosa, aunque por lo general no grave.

En el momento en que se realiza un movimiento en el que se obliga a un músculo o grupo muscular a realizar un esfuerzo poco habitual, éste tiende a contraerse de forma involuntaria y muy bruscamente. De esta manera se genera la contractura muscular, molesta y dolorosa que presenta unos músculos sensibles y endurecidos.
Estas lesiones suelen aparecer en personas que no suelen hacer ejercicio de forma habitual, o en aquellas que aún haciéndolo han exigido al músculo o conjunto de los mismos un sobreesfuerzo para el que no está preparado. También pueden aparecer contracturas al realizar un deporte durante muchas horas seguidas de ejercicio continuo.
Se puede decir que hay dos clases de contracturas musculares:
a) Las que aparecen DURANTE LA SESIÓN DE EJERCICIO. Éstas se deben a la acumulación de productos metabólicos dentro de los tejidos musculares. Aparecen en el mismo momento en que se realiza el ejercicio físico. La sangre oxigena y alimenta los músculos, además de ayudarlos a eliminar posibles toxinas; de forma que cuando se produce un movimiento brusco, los vasos sanguíneos no son capaces de hacer su trabajo tan rápidamente. Como no les da tiempo de eliminar esas toxinas, éstas acaban provocando dolores a causa de la aparición de la contractura.
b) Las que aparecen DESPUÉS DE LA SESIÓN DE EJERCICIO. Se produce por un estiramiento de las fibras musculares o por su trabajo excesivo, que daña y/o lesiona los tejidos musculares o incluso las articulaciones. En estos casos, los tejidos que han sido dañados se recuperan en pocos días o como mucho en un período de 3 semanas –según la extensión del músculo afectado–, lo que se manifiesta con la desaparición del dolor.

CONSEJOS
Para tratar las contracturas es bueno aplicar calor, realizar masajes en la zona y determinados ejercicios, o incluso recurrir a la electroterapia.
Para evitar que se produzcan, es bueno calentar antes de la sesión deportiva y enfriar y estirar con posterioridad. También es aconsejable realizar ejercicios de estiramiento diarios.