
Los masajes nos ayudan a relajarnos, a librarnos de tensiones o preocupaciones, pero también ayudan a mejorar nuestra salud.
Los profesionales te pueden ayudar a mejorar tus músculos y articulaciones, pero no es necesario acudir a expertos si lo que buscas es destensar la espalda o relajarte un rato: puedes hacerlo tú mism@.
El primer paso es relajar la espalda, las contracciones que se puedan producir en la zona cervical y de los omoplatos. Para ello, la persona que dará el masaje ha de ponerse de rodillas delante del “masajeado”, para empezar a relajar la espalda y facilitar el riego sanguíneo de los músculos de la zona. Se colocarán las manos en sus hombros y se harán presiones muy leves y superficiales durante unos 3-4 minutos.

En segundo lugar, habrá que colocarse a un lado, y colocar las manos en los riñones. Se realizará un pequeño masaje transversal, subiendo desde la zona lumbar hacia los omoplatos, insistiendo en aquellos lugares en donde se vea mayor tensión (se percibe porque los músculos suelen estar más rígidos).

Cuando la zona ya está bien regada, esto es, cálida debido a que la sangre ha calentado los músculos, se aplicará un masaje desde la parte inferior de la espalda, dibujando con la mano derecha círculos que deberán subir progresivamente hacia arriba. Primero de derecha a izquierda y de abajo arriba; y luego al revés: de izquierda a derecha y de arriba abajo. Por último, combinar ambos movimientos hasta que las dos manos se crucen.

Para terminar, colócate a horcajadas sobre la persona que están masajeando, con cuidado de no sentarte en sus nalgas, para no hacerle forzar la postura. Con los pulgares a cada lado de la columna vertebral, ve masajeando en círculos cada una de las vértebras desde el cuello hasta la rabadilla.
