
Las personas que suelen correr necesitan estar bien alimentadas. Por eso, conviene echar un vistazo a las dietas que hacen para que no les falte de nada.
La hidratación es una parte fundamental del entrenamiento. Hay que beber antes, durante y después del entrenamiento, para evitar llegar a la deshidratación. Así se mantiene un nivel adecuado de hidratación en el organismo, que permite "engrasar" los músculos y articulaciones para que no sufran ni se lesionen.
No sólo el agua es un buen aliado, las bebidas isotónicas son ideales para los deportistas, no sólo para los corredores. Sus ingredientes te ayudan a reponer tu organismo de minerales, sales y vitaminas que puedes perder mediante la sudoración.
Para las personas que corren de forma habitual, la dieta debe contener entre el 60 y 70 % de hidratos de carbono, un 25 % de grasas saludables y entre el 10 y el 15 % de proteínas. Los alimentos ricos en carbohidratos como el arroz, los cereales, las patatas y las pasta son perfectos para comer antes de correr, mientras que las proteínas son más adecuadas para después del entrenamiento.
Lo mejor es que transcurran en torno a las 3 horas entre la última comida y el inicio de la rutina de ejercicio. Por eso, si vas a correr por la mañana es preferible que desayunes después. Para tener energía durante ese momento, la noche anterior es mejor ingerir una buena ración de hidratos de carbono.